
Toda una aventura
analítica para poder abarcar el impacto que, algo tan complicado
como la Inteligencia Artificial, va a suponer para los actuales seres
humanos, la mayoría de los cuales viven inmersos en ese tsunami
llamado “prisa”, donde, al parecer, todo segundo cuenta con el
único objetivo de alcanzar el segundo siguiente; un impacto que
debería ser analizado antes de que veamos borrada nuestra naturaleza
humana a cambio de una nada metálica, llena de órdenes escritas en
código máquina. Si ya las redes sociales han machacado el concepto
del tiempo humano, convirtiéndolo en una especie de chicle que hay
que alargar más allá de las veinticuatro horas, lo que se nos viene
encima será mucho peor. A base de prótesis que nos venderán como
absolutamente necesarias, seremos dominados por un concepto metálico
de ceros y unos -en el mejor de los casos-, cuya única meta será la
dominación total y absoluta de nuestras sociedades. No volveremos a
ser los que fuimos. La imaginación será ahogada por el consumo. De
eso trata esta obra, donde el personaje central y su grupo de amigos
se atreven a luchar contra un gigantesco cíclope de ojo único,
vestido con inteligencia artificial desde los Centros Comerciales de
la Programación y las fábricas de algoritmos, donde se nos han
robado las muñecas de trapo, las pistolas de plástico, las espadas
de madera, los fuertes apaches llenos de indios y americanos, los
soldaditos de plomo, los diavolos, los arcos de caña, las flechas y
hasta las canicas, entre mil juguetes más, a cambio de juegos para
consolas con mandos a distancia, donde la imaginación de los niños
ha fallecido porque lo tienen todo hecho. La libertad de inventar
distracciones ha sido aplastada por circuitos debidamente estudiados
por magos encadenados a ordenadores, desde donde se enseña a correr
y se mata, como si la vida de los personajes se limitara a simples
imágenes virtuales que desaparecen en la nada tras un click, para
sólo conseguir puntos. La adición a la nada, una droga que ya ha
devorado a millones de jóvenes. El autor, en esta lucha, no utiliza
armas de ciencia ficción, sólo palabras e ideas desde un terreno
literario propio. Leer esta obra no dará premios virtuales. Si
acaso, avisos sobre los nuevos flautistas de Hamelin que están
llevando a nuestra sociedad hacia un pozo sin fondo.